¿Qué debemos saber de la epilepsia, las crisis y cómo afectan a las personas? ¿Sabes qué hacer ante una crisis de epilepsia? Cuando en una familia, un hijo o hija debuta en epilepsia hay muchas dudas y preguntas.
Mar de Somnis puede ayudaros en estos momentos y acompañaros en las diferentes etapas que se presentan.
La epilepsia es una enfermedad crónica del sistema nervioso que se caracteriza por la presencia de crisis epilépticas. Según la Liga Internacional contra la Epilepsia, la epilepsia es “una alteración cerebral caracterizada por la predisposición permanente para generar crisis y por las consecuencias neurobiológicas, cognitivas, psicológicas y sociales derivadas de esta condición, siendo posible su diagnóstico tras una crisis aislada (no provocada)”.
La epilepsia puede afectar a cualquier persona. Hay dos momentos en la vida en que es más frecuente presentar epilepsia:
La infancia. El momento con mayor probabilidad de presentar crisis es en los primeros meses de vida. A partir del primer año, la probabilidad de padecer crisis disminuye, manteniéndose estable durante la primera década, y volviendo a descender en la adolescencia.
La senectud. Es a partir de los 50 años cuando vuelve a aumentar el riesgo de presentar crisis epilépticas, especialmente a partir de los 70 años.
La epilepsia se diagnostica cuando las crisis epilépticas se presentan de forma espontánea e imprevisible, más allá del momento en que la persona ha sufrido la lesión cerebral, o bien en aquellos casos en los que no se puede demostrar una lesión en el cerebro. La epilepsia puede afectar a todos los animales, incluidos los domésticos: perros, gatos, conejos o ratones. Por lo tanto, también aparece en todos los humanos, independientemente de la edad, sexo, raza o situación geográfica.
Las crisis son un síntoma de la epilepsia, que se caracteriza por la tendencia subyacente del cerebro a producir descargas repentinas de energía eléctrica, interrumpiendo otras funciones cerebrales. Tener una sola crisis no significa necesariamente que una persona tenga epilepsia. Existen muchos factores que pueden desencadenar una crisis, como la fiebre alta, una lesión grave en la cabeza o la falta de oxígeno.
La epilepsia es una condición subyacente (o lesión cerebral permanente) que afecta los delicados sistemas que regulan la energía eléctrica en el cerebro, lo que la hace susceptible a convulsiones recurrentes.
Neurólogos, pediatras, neurocirujanos, internistas y médicos de familia pueden proporcionar todos los tratamientos para la epilepsia. La asistencia necesaria para las personas cuyas crisis son difíciles de controlar se puede encontrar en los grandes centros médicos, clínicas neurológicas, hospitales y las consultas de especialistas privados en neurología.
No, la epilepsia no es contagiosa. No puedes contraer la epilepsia a partir de otra persona, y nadie puede adquirirla de ti. Esta condición es el resultado de alteraciones en la actividad eléctrica del cerebro y puede ser causada por diversos factores, como lesiones cerebrales, trastornos genéticos o infecciones. Es importante entender que la epilepsia no se transmite a través del contacto físico, el aire o cualquier otra forma de interacción social.
En torno a la mitad de los pacientes con epilepsia no tienen una causa específica. Entre el resto, la enfermedad depende de una serie de factores que pueden influir en el funcionamiento del cerebro. Por ejemplo, traumatismos que afecten al cerebro o la falta de oxígeno durante el parto pueden dañar el delicado sistema eléctrico cerebral. Otras causas incluyen tumores cerebrales, trastornos genéticos (como la esclerosis tuberosa), problemas en el desarrollo del cerebro antes del nacimiento, o infecciones como meningitis o encefalitis.
La epilepsia se considera a menudo una enfermedad que surge en la infancia, pero puede desarrollarse en cualquier momento de la vida. Alrededor del 30% de los casos comienza en la infancia, especialmente antes de los 5 años y en la adolescencia. Sin embargo, el otro pico de alta incidencia es en personas mayores de 65 años.
Tanto en adultos como en niños, la primera crisis suele ir seguida de una evaluación a fondo para ayudar al médico a decidir si recomienda un tratamiento preventivo con medicamentos antiepilépticos o si adopta una actitud expectante, en caso de que se produzca una nueva crisis.
El factor más importante para decidir si se debe iniciar el tratamiento farmacológico tras una sola crisis es la probabilidad de futuras crisis. Los médicos utilizan pruebas de diagnóstico y una evaluación cuidadosa de la crisis en sí para determinar el riesgo de recurrencia. La edad, el historial familiar y las posibles causas de la convulsión son algunos de los factores que se toman en cuenta. También se consideran aspectos importantes como la imposibilidad de conducir, el embarazo o el impacto en la vida laboral.
Si crees que tú o alguien de tu entorno puede tener epilepsia, es importante comunicarle al médico lo que está sucediendo. Mantén un registro de la frecuencia con la que se producen las crisis, la hora del día y la forma que adoptan. Esta información ayudará al médico a determinar si lo que describes podría ser un tipo de epilepsia. Si tienes la oportunidad, graba las crisis con una cámara o un teléfono móvil, ya que esto será de gran ayuda para el diagnóstico.
La principal herramienta del médico para el diagnóstico de la epilepsia es un historial médico completo, junto con la mayor cantidad posible de información sobre cómo se presentan las crisis y las circunstancias que ocurren justo antes de que comiencen. Recuerda que una imagen vale más que mil palabras; grabar lo que sucede durante una crisis puede facilitar el diagnóstico.
Otra herramienta importante es el electroencefalograma (EEG), un equipo que registra la actividad cerebral mediante cables y electrodos adheridos al cuero cabelludo. La actividad bioeléctrica del cerebro, tanto durante las crisis como en los periodos sin ellas, puede mostrar patrones específicos que ayudan al médico a diagnosticar epilepsia.
Por su parte, los métodos de imagen, como la tomografía computarizada (TAC) o la resonancia magnética (RM), se utilizan para identificar posibles lesiones en el cerebro, como ictus, tumores o cicatrices, que puedan estar causando las crisis.
Cuando una familia se enfrenta al diagnóstico de epilepsia y le confirman que su ser querido tiene uno de los muchos tipos existentes, las primeras reacciones suelen ser preocupación y angustia. Esto ocurre por diversas razones:
Primero, porque se trata de una afección que afecta al cerebro, un órgano aún poco comprendido en sus reacciones.
Segundo, porque se desconocen tanto las causas como las consecuencias de vivir con epilepsia. Además, el hecho de que se considere una enfermedad crónica (salvo en algunos tipos de epilepsia) puede hacer que la persona sienta que esto supone una dificultad adicional en su vida.
Desde Mar de Somnis, podemos acompañaros en las diferentes fases que podríais experimentar.
Para empezar, estos consejos pueden ser muy útiles para adultos y familias.
Para un diagnóstico adecuado, es necesaria una historia detallada del evento. Se debe registrar el tipo de movimiento que realiza la persona, la duración, la frecuencia y el momento de la noche en que ocurre, así como la presencia de comorbilidades (trastornos del sueño, trastornos conductuales o problemas de aprendizaje) y si hay antecedentes familiares de epilepsia.
En este sentido, puede ser de gran utilidad que los familiares graben el episodio mediante dispositivos móviles.
También será necesaria una exploración pediátrica y neurológica completa, que ayude a identificar la presencia de trastornos del neurodesarrollo.
Podéis leer este interesante artículo sobre las parasomnias: «Epilepsia nocturna y trastornos del movimiento».
La epilepsia se puede tratar con medicamentos, cirugía, una dieta especial o mediante el implante de un dispositivo que estimula el nervio vago. Entre estos tratamientos, la medicación es, con diferencia, el más común y suele ser la primera opción a considerar.
Existen numerosos medicamentos para controlar diferentes tipos de convulsiones. Aproximadamente un tercio de los pacientes necesita tomar más de un medicamento antiepiléptico para controlar las crisis, aunque lo ideal es tomar solo uno siempre que sea posible.
Un medicamento preventivo para las crisis epilépticas (conocido como antiepiléptico) no será efectivo hasta que se alcance una dosis adecuada en el cuerpo, que debe mantenerse de manera constante. Es fundamental seguir cuidadosamente las indicaciones del médico sobre la dosis y los horarios de administración. El objetivo es mantener el nivel en sangre lo suficientemente alto como para prevenir las crisis, pero minimizando efectos secundarios como la somnolencia excesiva o el mareo.
Existen también tratamientos alternativos que la medicina sigue investigando, como la neuroestimulación o la terapia genética.
Una persona con epilepsia puede ayudar a controlar sus crisis tomando la medicación prescrita con regularidad, manteniendo los ciclos regulares de sueño, evitando situaciones inusuales de estrés y trabajando en estrecha colaboración con su médico. Una evaluación médica regular y las visitas de seguimiento también son importantes. Sin embargo, se pueden presentar crisis incluso cuando alguien está haciendo todo lo prescrito.
Un niño o niña con epilepsia puede enfrentar mayores dificultades en el aprendizaje, ya que su afección suele impactar en sus funciones ejecutivas: control inhibitorio, memoria de trabajo y flexibilidad.
Los principales procesos afectados por la epilepsia son la lectoescritura, el lenguaje y la comunicación, así como la memoria y la atención socioemocional.
La mitad de las personas con epilepsia presenta problemas de depresión o ansiedad. En la actualidad, existen numerosas opciones de tratamiento para ambos trastornos, y aproximadamente el 80% de las personas que se someten a tratamiento experimentan mejoría.
Los problemas de memoria pueden variar desde la dificultad para recordar dónde dejaste las llaves hasta llevar un registro de reuniones y citas. También es posible que tengas dificultades para encontrar las palabras adecuadas (“sé lo que quiero decir, pero no me sale la palabra correcta”), para comprender el lenguaje (“tengo problemas para entender lo que he leído”) o para mantener la atención (“me distraigo mientras veo la televisión o converso con un amigo”).
No, pero se puede aprender a mejorar el rendimiento mental de nuestro hijo/a. La mayoría de los programas de tratamiento para la memoria nos ayudan a descubrir y comprender las fortalezas y debilidades en el razonamiento de nuestros hijos, permitiéndoles compensar la falta de memoria con otras técnicas que mejoren la atención, las habilidades y la organización.
Si tenéis alguna propuesta, no dudéis en contactarnos.